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Liberaron al gendarme argentino Nahuel Gallo tras 448 días de desaparición forzada en Venezuela
Su regreso se dio tras la caída del régimen de Nicolás Maduro y en medio de un proceso de liberaciones
Después de 448 días de angustia, incertidumbre y silencio, el gendarme argentino Nahuel Gallo recuperó la libertad y volvió al país para reencontrarse con su hijo, su pareja y su madre. Estuvo detenido en la cárcel de El Rodeo I, en Venezuela, sin acceso a una defensa legal independiente ni asistencia consular, y sin que existiera un proceso judicial público en su contra.
Gallo, cabo primero de la Gendarmería Nacional Argentina, fue víctima de desaparición forzada en un contexto de creciente tensión diplomática entre Argentina y el régimen venezolano. Su detención se produjo cuando intentaba ingresar de manera formal al país para visitar a su familia, tras haber cumplido con todos los requisitos administrativos correspondientes.
El último mensaje que envió antes de que comenzara el calvario fue breve y alarmante: “Me están llevando”. Después, el silencio absoluto.
Durante meses, su paradero fue incierto. Con el tiempo se supo que había pasado por distintos centros de detención hasta quedar alojado en El Rodeo I, un penal donde permanecen presos políticos y extranjeros bajo la órbita de organismos de inteligencia vinculados al poder. La confirmación de que estaba allí significó una mezcla de alivio y desesperación: estaba vivo, pero atrapado en uno de los engranajes más duros del sistema represivo.
La situación tomó un giro cuando, tras un operativo internacional que culminó con la caída de Maduro y su traslado a Estados Unidos para enfrentar cargos por conspiración, narcotráfico y terrorismo, comenzó un proceso de liberaciones en las cárceles venezolanas. En ese contexto, y luego de una huelga de hambre iniciada por detenidos extranjeros que reclamaban la aplicación de una ley de amnistía, el régimen cedió y permitió la liberación de varios prisioneros, entre ellos el argentino.
Tres semanas después de aquel operativo que sacudió a Caracas, Gallo fue finalmente liberado y regresó a la Argentina. El reencuentro con su hijo Víctor, con su pareja María Alexandra y con su madre Griselda marcó el cierre de una pesadilla que se extendió durante 10.750 horas.
Para su familia, fueron meses de reclamos constantes, gestiones diplomáticas, mudanzas forzadas y amenazas veladas. María Alexandra incluso debió abandonar Venezuela junto a su hijo en un operativo reservado que contó con apoyo internacional, ante el riesgo creciente que implicaba permanecer en el país.
En paralelo, el régimen había intentado justificar la detención con acusaciones públicas sin sustento, señalándolo como parte de una supuesta conspiración. Nunca hubo pruebas ni una causa judicial transparente. Para sus allegados y para el gobierno argentino, se trató siempre de un secuestro político.
Hoy, tras más de un año de incertidumbre, Nahuel Gallo está nuevamente en su país. Su historia expone no sólo el drama personal de una familia separada por la fuerza, sino también el uso político de las detenciones en contextos autoritarios.
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