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En Victoria, el Grupo Scout Virgen de la Colina reúne a unos 110 chicos y 20 educadores. Entre campamentos, juegos y aprendizajes, la propuesta busca algo que va mucho más allá de una actividad semanal: formar personas dispuestas a compartir, acompañar y ayudar a los demás.

 

Cada 5 de septiembre, Argentina celebra el Día del Scout y de la Buena Acción Diaria, una fecha que pone en primer plano los valores del servicio, la solidaridad, el compañerismo y el compromiso con la comunidad. Scouts de Argentina señala que el movimiento desarrolla una propuesta de educación no formal destinada a niñas, niños y jóvenes, basada en valores y en la participación activa en la sociedad.

En Victoria, esos valores tienen un rostro y una historia propia en el Grupo Scout Virgen de la Colina. Con una trayectoria que se remonta a varios años en la ciudad, el grupo forma parte de Scouts de Argentina y ha participado también de iniciativas vinculadas al servicio comunitario. Actualmente, según la información aportada por sus integrantes, reúne aproximadamente a 110 chicos y 20 educadores que cada semana comparten actividades, experiencias y aprendizajes.

Al frente del grupo se encuentra Cintia Alegre, quien asumió como jefa el año pasado. Para ella, lo más gratificante de este camino no está en un reconocimiento formal, sino en algo mucho más sencillo y profundo: “Es el abrazo”, contó. También habló del cariño que recibe de los chicos y de la sensación de construir una familia elegida. “Hacer algo por los niños y que elijan estar en este grupo es algo muy gratificante”, expresó.

Y si hay una palabra que atraviesa los testimonios de los chicos, es compartir. Emilio destaca los compañeros, los campamentos y los viajes. Clarita habla de disfrutar y aprender junto a otros.Ian resume lo que siente al ayudar: “Calidez”, porque sabe que está haciendo que otra persona pueda sentirse mejor. Bauti, que comenzó este año después de haber querido sumarse desde el anterior, encontró rápidamente aquello que más esperaba: los campamentos, los viajes y las actividades compartidas.

Detrás de cada pañuelo, cada campamento y cada juego hay, entonces, una enseñanza que busca quedarse para toda la vida. Porque ser Scout no parece reducirse a estar preparado para una aventura: también significa aprender a mirar al otro, tender una mano cuando hace falta y entender que una buena acción puede empezar con algo tan sencillo como hacer sentir bien a alguien. En Victoria, unos 110 chicos y 20 educadores siguen construyendo ese aprendizaje semana tras semana.

Autor: ggómez