Vecinos cuestionan la decisión municipal de tomar posesión del Salón Comunitario “Medalla Milagrosa” y entregar las llaves en 48 horas. El lugar tiene décadas de historia barrial, religiosa y social, mientras persisten interrogantes sobre el destino de la construcción y de los bienes adquiridos por la propia comunidad.
La decisión de la Municipalidad de Victoria de tomar posesión del Salón Comunitario “Medalla Milagrosa” generó malestar entre vecinos del Arenal, que se movilizaron para defender el espacio y reclamar que conserve su carácter comunitario. Según el Decreto 732 y la cédula aportada, el Municipio sostiene que el predio donde funciona el salón pertenece a la administración municipal y ordena su inmediata desocupación, la entrega de las llaves y, eventualmente, el cambio de cerraduras y la confección de un inventario de los bienes existentes.
El conflicto, sin embargo, excede la discusión sobre la titularidad del terreno. Para los vecinos, el salón forma parte de la historia del barrio desde hace décadas: allí se realizaron misas, velatorios, actividades religiosas, talleres, encuentros sociales y acciones vinculadas a la salud. La comunidad sostiene que buena parte del equipamiento —mesas, sillas, herramientas y otros elementos— fue adquirido mediante rifas, donaciones y actividades organizadas por los propios vecinos. Esa historia explica el sentimiento de pertenencia que hoy aparece detrás del reclamo.
La vinculación del espacio con la comunidad religiosa también tiene antecedentes documentados. La guía eclesiástica de la Diócesis de Gualeguaychú identifica al “Salón Medalla Milagrosa” entre los espacios vinculados a la parroquia Nuestra Señora de Aránzazu de Victoria y lo ubica en Barrio Abadía. A su vez, la normativa municipal de Presupuesto Participativo de 2016 estableció una zona conjunta denominada “B. Abadía y Arenal”, por lo que ambas referencias barriales forman parte del mismo sector de participación municipal.
El lugar tampoco fue ajeno a la actividad municipal. En mayo de 2024, por ejemplo, el Municipio utilizó el Salón Medalla Milagrosa para desarrollar un vacunatorio móvil. Esto refuerza uno de los interrogantes que plantean los vecinos: cómo un espacio utilizado durante años para actividades comunitarias, religiosas y también municipales pasó ahora a ser considerado por el Ejecutivo como un inmueble ocupado “sin legitimación, autorización ni causa jurídica alguna”, según la documentación citada en el planteo vecinal.
Mientras los vecinos reclaman que cualquier intervención preserve el destino social, asistencial, religioso y cultural del lugar, queda pendiente determinar documentalmente cómo se conformó la situación jurídica del salón, quién posee derechos sobre la construcción y quién es titular de los bienes muebles acumulados durante décadas. La Municipalidad ha acreditado, según el decreto aportado, su pretensión sobre el terreno; pero la cuestión de la construcción y del patrimonio comunitario aparece como el punto central de una disputa que ahora enfrenta a los papeles administrativos con una historia barrial construida durante generaciones.
Gerardo Gómez
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