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Un colector cloacal presenta una rotura total a pocos metros de la avenida Néstor Kirchner y descarga aguas servidas en una zona de aguas prácticamente estancadas. La creciente del río Victoria agrega un escenario de preocupación: si el nivel continúa subiendo, el efluente podría desplazarse hacia la costa del Quinto Cuartel. La propia documentación oficial reconoce que la ciudad mantiene una deuda histórica con el tratamiento de sus líquidos cloacales.

 

 

Mientras la gestión de Isa Castagnino anuncia proyectos, gestiones y obras para distintos sectores de Victoria, una problemática mucho menos visible —pero potencialmente mucho más delicada— permanece a la vista de quienes recorren la zona del Quinto Cuartel: un colector cloacal roto que descarga aguas servidas en una laguna ubicada a pocos metros de la costa.

Según pudo constatarse en el lugar, la rotura del conducto es total en uno de sus sectores y existen además tramos de la cañería que quedaron expuestos y deteriorados como consecuencia de las sucesivas crecientes. El punto afectado se encuentra a menos de 300 metros de la avenida Néstor Kirchner y a unos 500 metros del sector donde históricamente el colector descarga hacia el riacho Victoria.

El problema adquiere otra dimensión por el comportamiento del agua en esa zona. El efluente no llega inmediatamente al curso principal, sino que permanece en un sector de escasa circulación, generando una acumulación de aguas servidas y residuos.

Y allí aparece la pregunta que la Municipalidad debería responder con urgencia: ¿qué puede ocurrir si el río continúa creciendo?

Actualmente, el escenario de creciente aumenta la preocupación. Si el agua alcanza el sector donde se encuentra la rotura, el ingreso y desplazamiento del efluente podrían modificar el recorrido de las aguas servidas y acercarlas hacia sectores habitados de la costa del Quinto Cuartel. Una sudestada podría agravar todavía más la situación al modificar la dirección de circulación del agua.

A esto se suma otro problema visible: la presencia de una importante cantidad de residuos, principalmente bolsas plásticas, acumulados en el sector.

No se trata solamente de una cuestión ambiental. Un derrame de líquidos cloacales en aguas estancadas, próximo a zonas habitadas y en un contexto de creciente, constituye una situación que requiere evaluación y respuesta de las autoridades sanitarias y municipales.

 

 

Una deuda que viene de lejos

La problemática tampoco es nueva. El Plan Estratégico Territorial de Victoria elaborado por el Estado nacional señala que la ciudad cuenta con un Plan Director de Desagües Cloacales desarrollado en 2017, que contempla una planta de tratamiento de líquidos cloacales, el recambio y ampliación de redes y la necesidad de dejar de volcar efluentes urbanos e industriales en crudo al río Victoria.

La propia Municipalidad también registra antecedentes de colectores deteriorados que requirieron importantes obras de rehabilitación. En 2021, por ejemplo, se licitó la rehabilitación hidráulica y estructural del colector cloacal de calle Juan Domingo Perón, mientras documentación oficial describía inconvenientes estructurales en ese sistema.

El problema, entonces, excede una cañería rota.

Es una discusión sobre infraestructura, mantenimiento, saneamiento y planificación urbana. Y, fundamentalmente, sobre las prioridades de una gestión municipal que tiene la obligación de anticiparse a los problemas antes de que una contingencia ambiental o sanitaria los convierta en una emergencia.

La pregunta política es inevitable: ¿cuánto tiempo más deberá esperar Victoria para que el saneamiento cloacal deje de ser una promesa y se transforme en una política de Estado?

La creciente avanza. El caño está roto. Y la respuesta municipal, por ahora, sigue siendo una incógnita.

 

 

 

Agradecemos al Diario La Mañana por las fotografías que acompañan esta cobertura y ayudan a visibilizar la situación.

Autor: ggómez